un músculo líquido, quizás, propio, mío, personal,
no sentía sus redes tan delineadas hace muchos años.
Tengo el alma teñida porque mi cabeza comenzó a sangrar.
Con cada palabra, con cada cuerpo, con cada lugar,
no finjo, me afecta, comienzo a sangrar litros y los muestro.
Me lo muestro.
Y me escondo.
Ermitaño, lejos del cariño,
lejos de contar la obvia narrativa psicotrópica de mi cuerpo,
mi cuerpo, que me acompaña siempre con los pesos de mi vida.
Estoy capturado. En los incontroles de lo que se entendiese de mi nueva lengua.
Pienso salir de aquí cuando la tarea me quede clara.
Pienso salir de aquí como mí ladrón,
vivo o muerto,
una vez que pueda entender qué está pasando
de qué se está hablando en esta cerebral convulsión.
Tengo el alma teñida porque mi cabeza comenzó a sangrar.
Con cada palabra, con cada cuerpo, con cada lugar,
no finjo, me afecta, comienzo a sangrar litros y los muestro.
Me lo muestro.
Y me escondo.
Ermitaño, lejos del cariño,
lejos de contar la obvia narrativa psicotrópica de mi cuerpo,
mi cuerpo, que me acompaña siempre con los pesos de mi vida.
Estoy capturado. En los incontroles de lo que se entendiese de mi nueva lengua.
Pienso salir de aquí cuando la tarea me quede clara.
Pienso salir de aquí como mí ladrón,
vivo o muerto,
una vez que pueda entender qué está pasando
de qué se está hablando en esta cerebral convulsión.

